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Visita del tenista Jaime Fillol y su testimonio de vida.

Jaime Fillol:

“Gracias a la fe el dolor se transforma en alegría”.

 

                  El martes 23 de agosto tuvimos el privilegio de recibir en el Colegio al tenista chileno, Jaime Fillol. Con sencillez y naturalidad nos abrió su corazón, compartiendo con nosotros lo que ha sido su vida y cómo la fe ha estado presente en las alegrías y triunfos, pero también en las dificultades y dolores. Hoy tiene 76 años y el 2021 sufrió la pena más grande de su vida: la muerte de su esposa  Mindy Haggstrom, con quien cumplió 50 años de matrimonio, tuvo 5 hijos y 17 nietos.

                  Desde pequeño le inculcaron el amor al deporte. Su padre también fue tenista y a los 15 años le dio una un consejo que lo marcó para siempre: “El tenis es un medio, no un fin”. En ese momento, no lo entendió del todo, pero con el tiempo se dio cuenta de que era muy cierto y trató de vivir el deporte de esa forma.

                  Fue el mejor tenista de nuestro país entre 1969 y 1973. Llegó a ser el n° 14 del mundo en individuales y n° 82 en dobles, en el Ranking ATP. Durante su trayectoria ganó numerosos premios, tanto en partidos individuales como en dobles. Fue uno de los fundadores y de los primeros miembros de la ATP. Lideró el equipo nacional que jugó la Copa Davis en el Estadio Nacional de Chile, en diciembre de 1976. En la final se enfrentaron Jaime Fillol y Patricio Cornejo contra la dupla del equipo italiano, la cual resultó ganadora de este Campeonato.

                  Siempre trató de fomenter el deporte en su propia familia, tratando que sus hijos y  nietos también lo vivieran con un medio y no un fin, y como una escuela de virtudes, donde se aprende de perseverancia, esfuerzo, disciplina, trabajo en equipo, tolerancia a la frustración, entre otras cosas.

                  El año 2016, le diagnosticaron una parálisis supranuclear progresiva a su esposa Mindy Haggstrom, norteamericana y su gran compañera de vida. Se trata de una enfermedad poco común, que no tiene tratamiento y que la llevó a estar postrada durante cinco años. El 8 de julio de 2021 murió a los 67 años. Jaime asegura que la fe en Dios fue lo que le permitió sobre llevar con paz esta pérdida y darle un sentido trascendente. “Gracias a la fe el dolor se transforma en alegría. Mindy nos enseñó cómo pueden convivir el amor y el dolor, el amor a Dios y al prójimo en medio del sufrimiento”, asegura.

Un hombre profundamente cristiano, íntegro, coherente, con las prioridades bien ordenadas, fiel a sus principios y valores. Con una fe a toda prueba ha sabido descubrir a Dios en las situaciones más cotidianas de la vida. “Yo sé que Dios me ama, pues siento su presencia real en mi vida. Sé que me cuida, me protege, me perdona. La fe me ha permitido darme cuenta de que la vida hay que tomarla en serio, de que el dolor y el sufrimiento son parte de ella y una oportunidad para encontarnos con Dios y llegar al Cielo”, asegura.

 

 

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